El otro día estaba en un seminario y la ponente, una crack por cierto, estaba contando historias sobre las estrategias que habían seguido algunas marcas para diferenciarse de su competencia y posicionarse como referentes. Entonces preguntó si alguno de los que estábamos allí tenemos alguna marca o la estábamos desarrollando. Yo estaba empezando a crear la mía como diseñadora gráfica, Xiomara Pérez. Estaba empezando mi proyecto personal que tanta ilusión me hacía y quería gritar ” Yo! Yo! Yo! pero me quedé callada. Ni una sola palabra. Solo miré a mi alrededor esperando escuchar a alguien que sí fuera valiente.

¿Será que tengo el síndrome del impostor?

Hace unos días escuché eso de el síndrome del impostor, me resultó curioso y empecé a leer sobre el tema. Y ¿a que no sabes qué? Resulta que lo tenía. Tenía el síndrome del impostor.

Desde pequeña he sacado unas notas bastante buenas casi sin hacer nada. Siempre he creído en mi lógica por encima de todo y aunque me haya costado unas buenas broncas no me ha ido tan mal. Cuando empecé la carrera muchos de mis compañeros me imponían. Se empapan los libros, las películas, los cortos de 25 minutos de 1970 en blanco y negro y te hablaban con unas palabras que daba hasta miedo. Yo escuchaba algunos intervenir en clase y pensaba “jolín, ¿cómo pueden saber esas cosas?” Yo no tenía ni idea de quién era el guionista de esa película muda de los 60 y me parecía impresionante. Me sentía abrumada y esto me hacía sentir un poco inferior en ese sentido aunque si me paraba a pensar lo sabía que en otros les daba un par de repasos.

También me pasaba al revés algunas veces. Hay muchas personas en mi vida que me han admirado y me admiran. Por mi forma de actuar, por mi forma de pensar, por mi capacidad de razonamiento, por mis consejos o por lo bien que hago mi trabajo. Y muchas veces he tenido miedo, aún sabiendo que soy buena en muchas cosas, a hacer algo y resultar ser un fraude, que se den cuenta de que no se me da tan bien mi trabajo o no soy tan inteligente como parecía.

No sé si tengo (o tenía) el síndrome del impostor porque parece ser que estas personas siempre esperan malos resultados y ese no es mi caso. Yo no era de las que iban a los exámenes diciendo “voy a suspender!!” y luego sacaban una nota bastante razonable. Yo sabía perfectamente como había hecho el examen y estaba casi siempre segura de que iba a aprobar.

Te hablo de mi época de universidad porque me quedo muy marcado lo que sentí en las primeras semanas de clase pero esto del síndrome del impostor se traslada también, y especialmente, al ámbito profesional. Las personas que sufren el síndrome del impostor no corren riesgos, no se atreven a pedir un aumento o un ascenso porque temen no estar a la altura y al final acaban trabajando muy por debajo de su potencial.

El caso es que cuando la ponente preguntó si alguien tenía su marca yo no dije ni una palabra y me quedé esperando a que alguien que fuera más valiente que yo diera a conocer la suya al resto de los que estábamos allí. Estarás pensando que con que cara te digo a ti que seas valiente si yo no predicó con el ejemplo y tienes toda la razón. Por eso te digo ahora, con síndrome o sin síndrome, sé valiente, da el paso, cuéntale al mundo lo que haces o lo que piensas hacer sin sentir vergüenza. Cómo te estás ganando la vida o cómo piensas ganártela. Porque si tú no crees en ti no va a venir nadie a hacerte una presentación magistral que convenza a todo el mundo de lo bueno que eres. Y cuando alguien te diga lo genial que eres y lo grande que es lo que has conseguido no saltes con el típico “sí bueno…” o “ya pero…”, sonríe y da las gracias porque es verdad y lo has conseguido tú con tu esfuerzo 😉